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| La Historia del Rugby |
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Fuerza, resistencia, destreza e inteligencia. no siempre por este orden son los requisitos de un jugador de rugby El “rugbyman" se estableció desde la época romántica de este deporte como una persona especial y diferente en su actitud frente a la vida. Endurecido por un entrenamiento muy completo y agotador ennoblecido bajo 105 ideales de la filosofía del barón de Coubertin, creador de los modernos Juegos Olímpicos, y unido a sus compañeros de juego por una solidaridad característica, trasladó estos planteamientos deportivos hasta la convivencia en la vida cotidiana. Pero este proceso no fue tan espontáneo.
En la primera década del 1800 colegios y universidades inglesas fueron admitiendo el futbol en sus claustros, ya en parte reglamentado. En sus grandes campos o patios recreativos se enfrentaban bandos integrados por 50 o 150 alumnos que, impulsando la pelota con cualquier parte de su cuerpo, debían llevarla hasta la línea de fondo del terreno rival. Los choques eran colosales y muchas veces terminaban formándose grandes montoneras, o scrums, en las que pujaban para obtener la pelota los mas fuertes, grandes y pesados. A los encargados de esta tarea se los llamaba "caballos de batalla". Quienes esperaban la obtención de la pelota, para correr con ella impulsándola hacia la meta contraria, "traviesos", o "brigada ligera".
La pelota era llevada hacia adelante de cualquier manera. Inclusive se la podía tomar con las manos, aunque tan solo para detenerla, y luego, enseguida, dejaría caer al suelo y patearía. Para frenar al contrario valían zancadillas y puntapies. Eso si, por debajo de la rodilla. Esto era lo normal, pero fue entonces, allá por 1823, que alguien cometió un disparate... Un día como cualquiera y un partido de fútbol como tantos otros, jugado como siempre por los alumnos del colegio que se embestían, chocaban, caían, se ponían de pie, aplicaban las consabidas patadas por debajo de la rodilla y luchaban en el scrum para obtener la pelota, para que sus "traviesos", o "brigadas ligeras", la recibieran y la impulsaran hacia adelante corriendo en malón tras ella, hasta la meta contraria. Fue entonces cuando uno de esos jugadores cometió una locura, un disparate. Vaya a saberse que habrá pasado entonces por la cabeza del joven William Webb Ellis cuando recibió la pelota y la tomo con sus manos, lo que estaba permitido solo para dejarla caer y patearla hacia adelante, para correr luego llevándola con sus pies rumbo a la meta contraria. En aquel partido, William Webb Ellis perdió durante unos premonitorios momentos su flema británica. Frustrado y endurecido por no poder llegar a la portería contraria, aferró bien la pelota con sus manos, la apretó contra su pecho y en una alocada carrera hacia la meta contraria, sorteando de forma nunca vista a los indignados rivales que querían cortarle el paso, Ellis consiguió un tanto nulo pero de trascendental importancia para la historia del deporte. Nadie, tal vez incluido el, supo por que lo hizo. Pero nadie protesto por haber quebrantado las reglas tradicionales. No solo nadie protesto sino que muy pronto tuvo entusiastas imitadores. Esto ocurrió a pocos kilómetros de Straford on Avon, en el condado de Warwicks, Inglaterra. Allí donde se encuentra la escuela publica, del pueblo de Rugby, el Colegio de Rugby, fundado en 1567.
El juego y esta modalidad creada por Ellis se difundieron sin protestas y con muchos imitadores. Muy pronto fueron muchos los que empezaron a jugar al fútbol de esa manera, la manera de la Escuela de Rugby. Sus alumnos lo oficializaron como deporte dictando algunas reglas en 1841, que incrementaron el 7 de septiembre de 1846 con 37 disposiciones sobre el fútbol a la manera que se jugaba en la Escuela de Rugby.
Otros colegios y universidades comenzaron a imitarlos, como lo hacia desde 1843 una institucion privada, el Guy's Hospital. Pero no se ponían de acuerdo sobre la clase de fútbol que querían practicar al medirse entre ellos. ¿O fútbol en la forma tradicional o el fútbol de Rugby? Por eso, el 26 de octubre de 1863, en la taberna "Freemason's", once representantes de ellos se reunieron para discutirlo. No hubo acuerdo. Prevaleció el fútbol tradicional, aunque se autorizo a correr con la pelota en sus manos al jugador que la hubiera recibido de un voleo o recogido en su primer pique. Subsistieron la zancadilla y el puntapie a la pierna rival, a quien, además, se lo podía asir de un brazo. Nadie quedo conforme y no hubo acuerdos ni el
26 de noviembre ni el 8 de diciembre. Y así se iniciaron y se desarrollaron, por caminos diferentes, el fútbol por un lado y el rugby por el otro. El rugby prohibió de inmediato zancadillas y puntapiés, lo que encontró enorme resistencia publica y una fuerte repercusión en contra de parte del periodismo. Hasta hubo intervención parlamentaría al respecto. "Punch" solicitó la misma para que se prohibiera el futbol-rugby. Alegaban que al desechar esos dos recursos, los jovenes perderian coraje y virilidad. Eton lo proscribió para su alumnado.
Pero el futbol a la manera de la escuela de rugby ya se habia impuesto y el 26 de enero de 1871, en el restaurant " Pall Mall", en el numero 1 de cockspur street, en londres, cerca de trafalgar square, se reunieron 21 clubes ingleses y fundaron la rugby football union. Las entidades fueron blackheath, richmond, guy's hospital, wellington college, harlequins, king's college, st. Paul's school, civil service, marlborough nomads, queen's house, west kent , wimbledon hornets, gipsies, law, lausanne, addison, mohicans, belize park , ravenscourt park , flamingoes y chapham rovers. Lo primero que hicieron fue ratificar la prohibición de la zancadilla y puntapiés, y y para contrarrestar las criticas que esa medida levantaba, y mostrar que persistían coraje y valentía, impusieron el tackle. Hasta entonces al rival que corría con la pelota solo se lo podía asir de un brazo. Eso si, no limito ni estableció cantidad de jugadores, que continuaron siendo excesivos.
Obviamente el mundo era muy distinto en aquella época. Los impulsivos deportistas del siglo pasado decidieron prescindir del arbitro, y los respectivos capitanes se encargaban de poner orden en unos encuentros que hoy impresionarían por su primitiva dureza al mas bregado de los modernos jugadores. El planteamiento inicial se basó sencillamente en entablar una batalla campal por ver quien era capaz de superar las líneas contrarias y depositar tras de ellas el balón. Este, pronto abandonó su forma esférica para adoptar la ovoide, más practica a la hora de correr con el bajo el brazo y sujetarlo para que no fuese arrebatado.
La racionalización de los reglamentadores fue pronto necesaria para que la inmensa mele de cuarenta hombres que se formaba sobre el campo tuviera algún postrer sentido. Los jugadores rebajaron su número a quince, se impuso la obligatoriedad de soltar el balón una vez placado (en contra de la furibunda resistencia de los mas "puristas") y empezaron a crearse reglas especificas para cada situación.
El 27 de marzo de 1871, en ocasion de medirse internacionalmente Inglaterra y Escocia, se estableció la primera limitación de integrantes: 20 por bando. En 1875 las universidades los redujeron a 15, lo que se oficializo en 1877 cuando se enfrentaron Inglaterra e Irlanda. La apertura social, sin quererlo, planteó un problema al norte de Inglaterra, donde ya era practicado por toda clase de jóvenes. Fuertes industriales de esa zona quisieron imitar lo que hacían para fortalecer sus equipos de fútbol profesional, esto es, pagar a sus jugadores y contratar a los mejores.
La Unión de Inglaterra no lo autorizo, pero ellos siguieron adelante y crearon la Rugby Football League, o sea, el rugby profesional con equipos de 13 jugadores. Esto le resto poderío, en ese primer momento, a Inglaterra, pero la Rugby Union siguió adelante y así como el juego se había difundido por todas las islas, comenzó a expandirse por todos los países que abarcaba su inmenso imperio, llevado de la mano de sus soldados, empleados y administradores, o a otras naciones, a través de los agentes comerciales de sus compañías.
La Footbal Rugby Unión de Inglaterra se fundo en 1871. La de Escocia en 1873 y le siguieron Australia, 1875; Irlanda, 1879; Gales, 1881; Sudáfrica 1889, y Nueva Zelanda, 1892. El rugby llego a Francia en 1872, llevado por los ingleses, pero su Federación es de 1919, a pesar de que en 1900 ganó la medalla de oro en los Juegos Olimpicos celebrados ese año en París.
Es así como el rugby llegó a los primeros Juegos Olímpicos celebrados en París como un deporte ya formado y maduro para las competiciones internacionales. Sus ganadores resultan algo sorprendentes. No en 1908, en Londres, cuando triunfo Australia, pero si en 1920, en Amberes, donde se impuso Estados Unidos, que repitió su conquista en los juegos de 1924, en París. En España, el rugby se introdujo por la afinidad de las dos cataluñas a un lado y otro de los Pirineos. Francia, entusiasta del balón ovalado desde 1872, con la fundación del Havre Athletic Club, tuvo y tiene desde el principio en estas tierras meridionales algunos de sus mejores equipos. El primer conjunto español se fundó bajo el nombre de Unió Sportiva Santboiana y lo fue por el pionero en la impulsión del rugby en nuestro país, el catalán Valdiri Aleu. Posteriormente, también llegaría a ser el primer presidente de la Federación Española de Rugby, en el año 1923.
La competición en el ámbito nacional se inició en 1925, instaurándose una Copa que duró hasta 1952, año en que se organizó la Liga. Los principales clubes de fútbol fueron una vez más los que arroparon el desarrollo del rugby. Así, el Fútbol Club Barcelona tuvo el honor de hacerse en el año 25 con la primera copa, ganando con superioridad a la Compañía de Infantería de Toledo.
Ya entonces la rivalidad deportiva entablada con el Real Madrid tuvo si reflejo en el campo de rugby. Tras quedar este equipo subcampeón durante tres temporadas consecutivas, se proclamó en el ano 1934 como el primer vencedor no catalán de la copa. En esos tiempos otros grandes clubes actuales tuvieron asimismo su sección de rugby como el Atlético de Madrid, que ganó la Copa del Generalísimo en la temporada 48-49 y se mantuvo en competición hasta 1955; o el Valencia FC; o, para irse un poco más al norte, el Sporting de Gijón. Hoy en España se tramitan cada temporada más de trece mil fichas de jugador repartidas entre las distintas categorías y divisiones; el País Vasco es el que registra el mayor número de clubes. He aquí otra influencia del otro lado de los Pirineos, donde el País Vasco Francés engloba parte de la flor y nata de una de las principales potencias del rugby mundial.
El desarrollo de un partido de rugby, a diferencia de otros deportes de mayor sencillez en su planteamiento, resulta prácticamente incomprensible para un espectador si éste no conoce los rudimentos del reglamento. Cada equipo se compone como ya se ha dicho de quince jugadores: ocho delanteros, un medio de “melé”, un medio de apertura, cuatro "tres cuartos" y un zaguero. La delantera tiene como misión fundamental el ganar balones para que su línea de "tres cuartos" pueda jugarlos a la mano o con “patadas a seguir", y alcanzar el campo contrario donde posar el balón y sumar puntos en el tanteo. Los pases a la mano siempre deberán realizarse hacia atrás y el balón no podrá retenerse al caer al suelo. Sólo podrá placarse a quien lleva el balón; y cuando éste último salga accidentalmente fuera del campo, se pondrá en juego mediante la “touche”, durante la cual los delanteros disputarán su posesión formados en dos filas paralelas. Para poner el balón en juego después de un pase hacia adelante o una situación dudosa, los delanteros forman la “melé", disputando esta vez al empuje la preciada posesión del cuero ovalado. El balón delimita en todo momento el terreno, marcando la línea de fuera de juego, por lo que todos los jugadores tienen que procurar mantenerse detrás de él en todo momento si quieren participar en la siguiente jugada. Contrariamente al fútbol, el “gol" no se consigue al hacer pasar el balón por el arco de la portería, sino por encima, por lo que sus largueros se prolongan en una hache característica de los campos de rugby. Los tiempos duran cuarenta minutos cada uno, interrumpidos por cinco minutos de descanso, durante los cuales los jugadores permanecen en el terreno de juego. Como todo deporte de contacto, la dureza es una constante durante el partido. Por ello, la violencia no tiene lugar y cuando aparece, la autoridad del arbitro se deja ver de forma contundente mediante los llamados golpes de castigo contra el equipo transgresor expulsiones o, si la gravedad de la situación así lo exige, la suspensión del partido. No seria posible jugar al rugby con la intención deliberada de dañar al contrario, pues el juego sucio acabaría por convertir en pocos segundos el orden establecido por el reglamento en una pelea multitudinaria. Las lesiones en el rugby son mucho menos frecuentes de lo que cabria esperarse al ver las espectaculares escenas que depara un partido.
El entrenamiento y la nobleza en el juego son fundamentales en ello. Por esto, los partidos de mayor nivel son los menos pródigos en sustituciones por lesión (que deberán ser autorizadas por los médicos de ambos equipos). El jugador de rugby se somete a lo largo de la semana a un intensivo entrenamiento físico y técnico, que le permite salir indemne de caídas o encontronazos nefastos para alguien menos preparado. Esta rudeza y la capacidad de sufrimiento de los jugadores hacen de ellos deportistas con un carácter especial. Ya sean los gigantescos delanteros de más de cien kilos, los pequeños y ágiles medios de “melé" o los rápidos “tres cuartos", cada constitución física tiene su sitio en el rugby. A diferencia de otros deportes, cualquier tipología es apta para desarrollar un buen jugador. Durante la historia moderna del rugby - es decir, desde la Segunda Guerra Mundial -, el restablecimiento del Torneo de las Cinco Naciones (Escocia, Gales, Inglaterra, Irlanda y Francia), volvió a dar esplendor a este deporte y continuidad a sus encuentros internacionales. Otras naciones de ultramar donde la influencia sajona había implantado el rugby desde el tiempo colonial, como Argentina, Australia, Nueva Zelanda o África del Sur siguieron desarrollando sus peculiares formas de juego; consiguieron en algunos casos incluso un nivel superior al del continente europeo. Ello era conocido por los encuentros intercontinentales esporádicos y las giras reciprocas que se realizaban entre temporadas. Pero la confirmación ha venido con la creación de la Copa del Mundo, de la que se llevan disputadas dos ediciones (y a la que se sumó el año pasado la Copa Femenina). Australia y Nueva Zelanda se han encumbrado como las dos potencias actuales del rugby revolucionando este deporte con un juego de ritmo y fuerza superior al conocido hasta ahora. Esta temporada trae importantes novedades para la competición en rugby Nada menos que diecinueve reglas han sido creadas o modificadas para adaptarse a la evolución que el juego está experimentando en este deporte. La revisión del reglamento está enfocada fundamentalmente a una mayor agilidad en la resolución de las jugadas confusas, como puedan ser los reagrupamientos espontáneos, donde ahora se exige jugar el balón con celeridad a riesgo de ser penalizado. Las delanteras exigirán pues jugadores más rápidos, que corran más, aunque - por peso - empujen menos. También se favorece el ensayo, o posar el balón tras la línea contraria, al concederse por ello cinco puntos en lugar de los cuatro que se sumaban hasta ahora. Esto beneficia el juego a la mano frente a los tantos conseguidos por transformación cuando, mediante una patada, el balón pasa entre los dos palos.
De lo que no cabe duda es de que el rugby promete seguir ofreciendo un espectáculo sin igual a sus seguidores y un deporte apasionante a sus practicantes. |
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